En la superposición de participación multigrupal una persona se ve sometida a la influencia de muchas variables entre ellas la familia, los grupos religiosos, la política, el club, la escuela, la profesión y el trabajo. Una mirada inmediata a esta realidad nos permite observar que, salvo cuando duerme, nunca está solo, esto en el sentido de “consigo mismo”.
En cada lugar de trabajo las personas son sometidas a un espacio especial que se caracteriza por poseer una determinada “atmósfera laboral” cuyos componentes son:
a) El clima organizacional
b) La presión que el clima organizacional ejerce de manera individual o colectiva.
Estos dos factores son percibidos o experimentados por los miembros de la organización y de manera inexorable influyen sobre su personalidad.
Cuando esta influencia es negativa y produce insatisfacción a veces no es atribuible a factores externos al sujeto sino que éste no posee los recursos suficientes para posicionarse mejor ante el fenómeno.
Esta situación propicia una disonancia cognitiva que se trata precisamente de que los conocimientos que una persona tiene de sí misma y de su ambiente, no son coherentes entre sí. Cuando se vivencia una relación disonante y la persona no puede ni modificar sus conocimientos personales ni la realidad externa queda atrapado en una red que lo aísla y luego lo enferma. En términos generales la vida de una persona es una búsqueda constante de reducción de disonancias.
Ahora bien, lo que no se puede expresar vía lenguaje oral de una manera u otra se va a expresar a través del cuerpo, es lo que podríamos decir un lenguaje neurótico. En síntesis, lo que se dice con el cuerpo porque la palabra enmudeció, es una manifestación del inconsciente.
Estas actitudes pueden afectar distintas funciones tales como en los aparatos respiratorio, circulatorio, digestivo, urinario, en funciones glandulares, en afecciones de la piel, perturbaciones sexuales, sistema neuromuscular, sistema digestivo, hígado y otra serie de manifestaciones que ya todos de una manera u otra conocemos.
Luego, a nivel psíquico presentan trastornos del humor o afectivos. Las diferentes disonancias cognitivas que quedan sin resolver en los diversos microcosmos a los que pertenecemos más el laboral propiamente dicho deben ser convertidas en relaciones consonantes, de no ser así, la cantidad de energía que exige una disonancia sin resolver mantiene al individuo al borde del agotamiento tanto psíquico como físico.
Para comprender una forma de abordaje efectiva ante este problema es necesario tener en cuenta que el “yo”, como instancia psíquica, es decir como una entidad mediadora, encargada de la totalidad de los intereses de una persona tanto de los imperativos internos como de las exigencias del mundo exterior es el que debe hallarse lo más sano y organizado posible.
Cuando nuestro “yo” adquiere un estado de retracción, rígido, constreñido aún cuando las causas para ello no son necesarias algo serio nos está ocurriendo y deberíamos tomar la distancia necesaria de la realidad inmediata para poder dar cuenta de la verdadera situación en que nos hallamos.
La razón para esta actitud se debe a que nuestro “yo” ha perdido el ritmo y esta carencia está indicando que lo vital se halla en peligro.

Tengamos en cuenta que vida y ritmo se hallan ligados desde los orígenes del universo. Existe una pulsación vital que es propia de la naturaleza, el corazón, las fases de la luna, la respiración, las mareas, el día y la noche, las estaciones del año, en fin, la esencia de todo ser es ritmo.
Hay tensión y distensión, actividad y pasividad, esplendor y decadencia. Cuando hay ritmo hay vibración y como consecuencia irradiación y entonces comprendemos la comunicación como factor vital en la naturaleza de los seres vivos y principalmente de los humanos.
Cuando ese ritmo se reduce a su mínima expresión los sentidos se congelan, se pierde la espontaneidad y la libido se retrae.
Así como el universo todo y todo lo que hay en él, el “yo” debe operar con un determinado ritmo, a la manera de una pulsación. La expansión y retracción deben ser las alternancias que indican la buena salud del mismo. Las personas que han tenido la vivencia de un “yo” que se disuelve, que su frontera se borra sutilmente hasta sentir que los átomos propios se confunden con los del espacio infinito, han alcanzado a experimentar un grado supremo de expansión.
Tenemos que comprender que el “yo” es precisamente el que impide esta vivencia cuando se halla concentrado en la realidad puramente material. Por esta razón el éxtasis no puede ser alcanzado.
Existen técnicas que permiten ir progresando en este sentido y por este camino se logra experimentar tanto la propia persona como cualquier estímulo externo de una manera más natural, sin censuras ni preconceptos.
El sistema Ayur Yoga – Yoga Vital brinda las herramientas necesarias para el cumplimiento del objetivo antes mencionado, promoviendo a las personas a adueñarse de estas y aplicarlas en su vida diaria
Además existen programas para diferentes finalidades: proveer de un espacio de esparcimiento, estimular la concentración, manejo de las emociones, etc; todas ellas vitales para lograr con éxito los trabajos en grupo o individuales, a corto o largo plazo, y en donde las personas pueden hacer extensivo el aprendizaje en otras áreas de su vida.

